El liderazgo suele obligarnos a salir de nuestra zona de seguridad. Cuando es lo correcto, y cuando ciertamente Dios lo ha ordenado, los buenos líderes dan un paso al frente. Siempre podemos confiar en que Dios nos va a guiar. No importa si confiamos o no en nosotros mismos. El hecho de obedecer a Dios, aumenta nuestra confianza y también motiva a otras personas a dar un paso al frente.