"Yo no tengo la culpa de nacer en este país y ser blanco. Yo no escogí mi color, a mis padres o mi cultura. No es mi culpa que mis antepasados hayan oprimido a otros o haber nacido con privilegios por ser blanco. Está mal que esto sucedió y lo lamento muchísimo, pero no sé qué hacer para remediar lo que otros hicieron. Me siento juzgado por mi color de piel y esto es algo de lo que yo no tengo nada que ver. No me parece correcto que por mi color se determine mi valor o quién soy". Estas son las palabras que uno de mis estudiantes en el seminario dijo durante una conversación sobre el racismo en una de mis clases.